29.7.15

Cuando me cortó también lo pensé



Venus de Urbino, Tiziano, 1538

En muchos momentos he pensado que me gustaría ser perro. “Preferiría ser un perro a estar viviendo este momento”. Los perros no se preocupan, ¿o sí? No entienden nada; sí, pero no. No sufren la indecisión como yo; eso es seguro. No tienen que dar explicaciones a nadie. Se les olvida todo como en diez segundos, ¿no? ¿O son los peces los de la mala memoria? No sé, pero sí que lo he pensado. “¿Por qué no nací perro?”. Está bueno ser humano, pero eso de las preocupaciones y sufrimiento en la vida lo cambiaría sin pensarlo. Los perros son perros y ya. ¿Por qué no puedo ser humano y ya?

28.7.15

Cuatro años



La última entrada fue en el 2011. Por unos rayones en el cemento de la banqueta que está enfrente del edificio donde ahora vivo, sé que fue antes de llegar ahí. Era en Amores, pero en el otro Amores. En un departamento más chico, donde todo era nuevo y las esperanzas eran grandes. Estudiaba Letras todavía. El cine se asomaba, tal vez sólo el aroma. Amarillo, blanco y café. El vaho de la mañana es la sensación que recuerdo; eso y el calor de la tarde. Habían preocupaciones, pero las dignas de una niña. Sufría, como sigo sufriendo; ahora me rio. Cuatro años después, ahora escribo. Los miedos son diferentes; no se han ido; no se irán. Los libros se quedaron en la Facultad. Llegué al teatro, llegué al cine; tuve un año sabático y vuelvo a empezar. “¿Por qué escribes cosas tan tristes?”
Al menos eso no ha cambiado.